Por Francesc Lucena
El pasado lunes 23 de enero pudimos disfrutar en Madrid de una original conferencia acerca de las posibilidades que ofrecen los códigos bidimensionales Qr.
Para empezar, me gustaría asemejar la sesión, liderada por Agustín Calvo, a una enorme tormenta de ideas. Si cada minuto se tratase de un camino, muchos de nosotros pudimos encontrar en cada esquina una enorme cantidad de nuevas ideas de negocio.

No quiero hablar en boca de nadie, aunque no creo que fuese el único, pero en algunos momentos llegó a parecer prudente dejar de lado el proyecto propio, incluso casi la vida propia, para lanzarme como loco a desarrollar decenas de diferentes ideas derivadas de todo lo que fuimos escuchando.
Puede que sea ese gen emprendedor, o la capacidad de Agustín de generar la sensación de que detrás de cada uno existe una brillante idea de negocio, pero el hecho, es que de algún modo salí de ahí con la cabeza llena de lo que aún hoy, parecen proyectos más que interesantes.
Después de un rato, y seguramente, debido a la única neurona coherente que debe quedarme, empecé a buscar desesperadamente cómo podían, los códigos Qr, mejorar nuestra idea de negocio.
Así que siguiendo con mí historia personal pensé… ¿Existe algo más económico que un código que se puede materializar con cualquier impresora, en cualquier papel o pegatina? ¿Qué se puede generar muy fácilmente, incluso de forma automática, y en muy poco tiempo? ¿Por qué no utilizarlo para identificar alumnos? ¿Y si cada dispositivo lector se puede asociar a un único usuario? ¿Por qué no asociar el dispositivo de cada profesor a él mismo?
Perdón por tantas preguntas, suele funcionarme para desarrollar ideas… imaginemos entonces que en el examen de cada alumno hay un código que lo identifica. Y que luego el profesor para corregir, utiliza una opción de la aplicación de Nubedu, que le permite leer el código, tras lo que sólo debe rellenar un formulario muy corto con la valoración de ese alumno, quedando así la nota registrada. Imaginemos que el código se pega en cada examen, o mejor, que se introduce el examen en la aplicación web, y se genera automáticamente una copia para cada alumno con el correspondiente código impreso en su hoja…
Bueno, puede que no sea una gran idea (o puede que sí), que no aporte demasiado valor (o puede que sí), pero con todo esto, sólo quería presentar un razonamiento derivado de la sesión (que espero, me ayudéis a depurar). Pero sobre todo, me ha surgido la siguiente pregunta: si tomamos cada pequeña cosa que nos rodea (esos códigos solo son una más), la asociamos a nuestro proyecto, y le damos unas cuantas vueltas, ¿se os ocurre la cantidad de pequeñas cosas que podemos aplicar a nuestro proyecto, resultando al final en una gran diferencia?
Para terminar, agradecer la inspiradora ponencia, que no sólo fue acerca de códigos, (ni acerca de cómo vender un producto, campo en el que Agustín demostró ser un maestro). Para mí fue una lección de cómo las cosas más pequeñas, cuando han sido digeridas por cerebros originales, se convierten en una gran ventaja competitiva. Y si no os he convencido… recordad el caso de Shazam… o dejad escapar esas pequeñas cosas!
*Francesc Lucena es participante en Yuzz Madrid.