Autoliderazgo, gestionar tus emociones

Respira

cover angel maria herrera

Por Angel Maria Herrero, experto YUZZ.

Dicen que para liderar a los demás primero hay que saber liderarse a uno mismo, para ello la clave es conocerse a uno mismo y saber gestionar nuestras emociones. Es algo que no nos suelen enseñar, a pesar de ser de las cosas más importantes de nuestra vida.

Veamos por ejemplo cómo se mueven las emociones y sensaciones en nuestro cuerpo. Fíjate en este gráfico:

angel maria herrera 1

Las emociones son como una ola. A medida que pasa el tiempo la intensidad de la emoción crece hasta que llega a su máximo nivel, y luego –y esto es lo más importante—vuelve a bajar igual que subió. Sola. Sin que tengamos que hacer nada. A poco que no pongas a recodar la última emoción fuerte que hayamos tenido veremos que es así. De hecho el término emoción viene del latín emotĭo, que significa “movimiento o impulso”, “aquello que te mueve hacia”.

 

El cuerpo humano está diseñado para entrar en la energía de la emoción progresivamente, dejarse comprimir y contraer por su impulso a medida que la emoción se desarrolla, y luego volver a soltarse y relajarse a medida que la emoción vuelve a bajar. Puro y simple.

 

Los bebés pequeños suelen dejarse llevar por la ola. Y supongo que las tribus aborígenes que aún sobreviven hoy sin contacto con el humano moderno también reaccionan así. Nosotros, sin embargo, no. Nos quedamos atascados en el proceso de subida de intensidad. Este atasco es lo que comúnmente sentimos como ansiedad. Ni subimos ni bajamos. Ahí nos quedamos agobiados, o peleándonos con nuestro cuerpo para intentar que no se exprese.

 

La ansiedad, como ves, no es más que un atasco emocional. Aunque a veces puede requerir varias horas o incluso días. La presión ansiosa crece y se acumula hasta que hay bastante fuerza para dejar salir la emoción real que esconde en su interior. Gestionar las emociones sigue exactamente el mismo proceso que los partos naturales, las olas en el mar, y quién sabe cuántos otros procesos naturales a nuestro alrededor.

 

Ahora fíjate en la ola de emoción más detenidamente:

 angel maria herrera 2

Las sensaciones físicas y los impulsos también siguen esta curva. El dolor incluido. Recuerda alguna herida o momento de dolor y verás que la intensidad pulsa, es decir, viene en olas. Empieza, aumenta, se hace insoportable, y cuando crees que no puedes más, de repente vuelve a bajar y te alivia.

Las ganas de montar un griterío brutal a alguien hacen lo mismo. Lo ves hacerse el tonto y empiezas a comprimirte. Tus pensamientos se aceleran alrededor de dos opciones: gritar o quedarte callado. Según pasa el tiempo te aprietan más y más las ganas de chillar y patalear y crees que no vas a poder impedirlo. Hay veces que explotas, recriminas, y luego te atienes a las consecuencias. En otras ocasiones consigues no decir nada. En ambos casos la ola de intensidad vuelve a bajar y te acuerdas de que tienes otras cosas importantes que resolver. Te relajas, tus músculos se sueltan y tu cara se suaviza. Te sale tu voz natural de nuevo y quizás incluso puedas reírte un poco.

Como ves, cuando la emoción crece en intensidad ya no lideras la situación, sino que eres víctima de ella. Si la emoción es acertada a la situación entonces vas bien, pero si es excesiva o no es correcta, entonces te ves manejado por una corriente de energía que te condiciona, y no hay mucho que puedas hacer contra ella.

¿Cuál es el secreto de liderar entonces? Ser capaz de bajar la intensidad de nuevo hacia la zona verde del gráfico, y mantenerte ahí. En esta zona aún eres flexible y aceptas toda la información sensorial que necesitas para comprender la situación. En esta zona estás gracioso, ocurrente, ágil, incluso atractivo y seductor. En esta zona tienes los pies en el suelo y te adaptas perfectamente a lo que te pongan delante.

En la zona roja del gráfico estás como las cantantes que de repente sufren un ataque de pánico en el escenario y no les sale la voz. El diafragma se les ha puesto duro como una piedra y no pueden ni respirar. De hecho una de las soluciones más fáciles para volver a la zona verde es retomar el control de la respiración.

Así que la próxima que la próxima vez que tengas que liderara a tu equipo, gestionar una reunión tensa, o convencer a inversores, recuerda el viejo consejo: respira.

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